Si no has visto la peli MARTÍN (HACHE), 1997 de Adolfo Aristarain solo puedo decirte que busques un hueco y la disfrutes. Es una de esas pelis hecha a base de unir secuencias que son en sí mismas pequeñas obras de arte.
Os transcribo unos diálogos que han venido a mí 25 años después de verla por primera vez:
HACHE, en su video de despedida a Martín (su padre) y a Dante, justo antes de dejar Madrid y volver a Buenos Aires: «No sé lo que extraño… Los techos, pueden ser los techos, los tejados de las casas son muy feos, cuadrados, blancos… que los hemos puesto como a boleo, como que la gente no le da bola, como que lo desprecia, como si los tejados no fueran parte de la casa. En Madrid los techos son hermosos, hay tejas, hay chimeneas, hay colores… No se puede comparar. Pero a veces extraño los techos de Buenos Aires, es una boludez pero me pasa.«
…
MARTÍN a Dante: «¿Sabés que extrañaba yo de Buenos Aires? Los silbidos. La gente que anda silbando por la calle. Aquí nadie silba por la calle. Tardé en darme cuenta, tardé unos cuantos meses en darme cuenta. Casi me vuelvo, me entraron ganas de volver, pero pasó.
Era absurdo, no podés volver a un lugar porque querés oír silbar a la gente.»
Yo echo de menos llegar a la oficina y preparar mi taza de café con leche, esos primeros 5 minutos que sirven para reorganizar tu cabeza, saludar y sentir la animación del equipo, el intercambio de 3 palabras sobre las novedades del día a día… Es extraño porque el café no me gusta realmente, no sé distinguir marcas ni calidades, lo tomo casi con más leche que café y además le añado agua caliente y me dura rato y rato, me acompaña durante la mañana hasta quedarse tibio y luego casi frío, tomándomelo a sorbitos y dejándome la taza despistada, y así luego otro más.
Tener el despacho en la planta de fabricación es intenso, divertido, muy productivo y muy cercano al equipo y al día a día, ¡me encanta mi trabajo!, pero estar en una zona blanca tiene sus requisitos (bata, gorro, fuera alhajas, calzado…) y por supuesto, nada de líquidos que no sean agua de las fuentes instaladas.
Sigo tomando los cafés cuando voy a la zona de oficinas y estamos en las reuniones pero… es absurdo, echo de menos ese café que “vive” conmigo mi primera hora de trabajo.
En la era de los tiktoks de 10 segundos aquí os dejo un fragmento de 7 (¡¡¡7!!!) minutos del final de la peli. Tejados y silbidos, a cada uno nos toca la fibra y la nostalgia los detalles más nimios e impensables….
Arantza.
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