Nuestro entrenador nos da charlas entre serie y serie, básicamente para darnos una mínima posibilidad de recuperar el aliento. El caso es que escuchamos siempre, mayoritariamente porque es súper interesante y objetivamente porque no nos da la vida para hablar 😉
En el primer descanso nos hablaba sobre el efecto nefasto de los alimentos hiperpalatables; alimentos procesados o dulces con combinaciones atractivas de grasa, azúcar, carbohidratos y sodio. Con gran poder adictivo, hipercalóricos, poco saciantes y menos nutritivos, pero con una estudiada presentación que les hace apetecibles, crujientes, sabrosos y que aportan una aparente sensación de bienestar.
El caso es que durante el 2º descanso y mientras mi cuerpo suspiraba por oxígeno extra, mi cabeza saltó de los alimentos a los propósitos de año nuevo. Y me explico: siento la misma “hiperpalatabilidad” cuando muchas personas te cuentan lo que “necesitan” para llevar a cabo sus propósitos de comienzo de año:
💙Voy a empezar a pintar… así que me he comprado el precioso kit de caballete inspirado en la Provenza + 72 pinturas en todos pastel + 25 pinceles de crin de yegua virgen.
💙Voy a llevar un diario… pero antes de ni siquiera poner la fecha necesito el juego de bolígrafos de la serie numerada “La dueña de mi vida soy yo” y el diario con hojas de yute encuadernado en piel color Pantone del año.
💙Este año como sano… por eso es imprescindible una Thermomix y toda la gama de paletas y emplatables de amazon.
En fin, creo que entendéis por dónde iban mis pensamientos. Ya ni siquiera es suficiente tener propósitos (que parece que sea obligatorio), además tienen que ejecutarse de forma que (como mínimo) sean instagrameables. Me parece agotador…
Y llegamos al último descanso antes de la serie final (esa en la que te planteas seriamente qué haces ahí, aunque sabes que luego te sentirás de maravilla) y pensé que en algunas ocasiones también sufrimos esos efectos nocivos en las empresas.
Llámalo “Hiperpalatabilidad profesional” si quieres, donde el procedimiento importa más que el resultado. A ver si te suena:
➡️Cumplimentar todos los “checks” para evitar las responsabilidades es lo fundamental.
➡️Implementar nuevas formas de hacer las cosas es casi más costoso que escalar el Himalaya sin oxígeno ni sherpas, no por la oposición frontal al cambio sino por la burocracia necesaria.
➡️La necesidad de meter las siglas “IA” hasta en la dirección postal: Carritos de bebé diseñados con IA, ensaladas fabricadas con IA, perfumes con IA (bueno, justo en los perfumes viendo los anuncios que hacen…, sí, sería necesaria la IA)
➡️Mostrar una preciosa memoria de RSC contando todas las acciones extraordinarias hacia, por y para el exterior cuando internamente el ambiente laboral es tóxico a más no poder.
A veces siento que veo algunas empresas con demasiada forma y demasiada pompa que satura los sentidos y agota los recursos. Y pienso… menos mal que también hay un montón de ellas que velan por tener procesos claros y directos, por escuchar y entender, por quitar paja y florituras para adaptarse a las necesidades de los clientes.
Así que en caso de hiperpalatabilidad, ya sea en la comida o en el trabajo, menos glutamato monosódico y más vuelta a la esencia y los básicos.
Arantza.









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