Mi hija Ela crece y está llegando el momento en el que mi ropa empieza a convertirse en «nuestra» ropa, sobre todo camisetas y sudaderas, por aquello de que en la adolescencia lo mismo se llevan ceñidísimas que supermaxiXL (y en este grupo cabe todo mi armario).
Este verano, la protagonista fue una camiseta de AC/DC, que le entró a Ela por los ojos desde el minuto 1, ya sabes, da igual que ella tenga uns coleción entera de ropa, lo de los demás es como un imán.
Tanto insistía que uno de los días le dije: bueno, si realmente la quieres tanto te propongo un trato: tú cumples las dos condiciones que yo voy a poner, y yo te dejo la camiseta.
Evidentemente podría dejarle la camiseta sin más, pero resulta que (en general) tanto nos cuesta conseguir una cosa, tanto más la apreciamos cuando la tenemos. Como además llevaba unos días pensando en el tema motivacional, la fuerza de la motivación intrínseca pero también el impacto de la – vilipendiada- motivación extrínseca, decidí hacer un experimento casero, ver qué grado de penetración tiene una motivación tan banal como encapricharte de una camiseta de verano.
LAS CONDICIONES:
1º AC/DC es uno de los grupos de música más importantes de nuestros tiempos y tiene un guitarrista peculiar. ¿quiénes son y qué peculiaridad tiene el guitarrista?
2º Elige una de sus canciones y apréndete la letra lo suficiente como para coger la botella de agua en modo micro y poder cantarla «a grito pelao» mientras suena a toca caña. (2 semanas de plazo)
EL RESULTADO INMEDIATO:
Para lo 1º San google. Esto me contó Ela: Los hermanos Young, forman el grupo en Australia y efectivamente, lo singular de Angus Young es que sale en sus conciertos vestido de colegial, porque cuando empezó a tocar iba a ensayar directo desde el cole sin cambiarse ni nada. Aquí Ela y yo hicimos algunas risas pensando en que si Angus hubiera llevado el uniforme de Ela de lo feo que es, otro gallo hubiera cantado en la historia del rock. Ela flipó de que el grupo se formara en 1973… y ¡siguieran tocando hoy en día! (en realidad también flipó de que estuvieran vivos)
Para lo 2º: escuchamos sus TOP 5, y eligió Highway to Hell, el clásico de los clásicos, y conociendo a Ela seguro que algo influyó también ver que «a peso», tiene menos cantidad de letra que las otras ( la condición era aprenderse la canción). Por cierto que ahora también sabemos el porqué de esta canción 😉
Dos semanas después… ¿llegó Ela a llevar la camiseta? La respuesta es NO. No se aprendió la letra lo suficiente como para poder cantarla, así que si no hay letra no hay camiseta.
EL RESULTADO A MEDIO Y LARGO PLAZO:
El verano pasó y este jueves de otoño íbamos de camino al cole escuchando esta vez ROCK FM, al Pirata y su banda, y justo coincidimos con una parte del programa que se llama «Rock a capello», un concurso donde se coloca un audio en el que se ha separado la voz de la música y solo se emite la parte vocal de un fragmento de un clásico del rock. Ela y yo íbamos escuchando la radio de fondo, sin prestarle demasiada atención, pero de repente en el concurso suena esto:
«Livin’ easy
Lovin’ free»
Y como un resorte, antes incluso de que El Pirata preguntara al concursante, suelta Ela: ¡AC/DC, Highway to hell!
Y entonces te das cuenta de que sí, que vale la pena y tiene sentido y que la motivación extrínseca es muy útil. Posiblemente no mueva montañas, eso quizás solo es posible con la intrínseca, pero te lleva hasta un paseíto por la cima. En nuestro caso, conseguir un pedacito de diversidad en el oligopolio reggaetonero.
¿Qué valor es posible sacar de los estímulos externos? con nuestro experimento casero llego a dos conclusiones: sirve para quedarte con la idea, entender un proceso, saber la globalidad (quién es AC/DC, conocer Highway to hell, Thunderstruck…). No sirve para lo que necesita ahondar más y por tanto más esfuerzo (aprenderse la letra).
Ya sé que en la vida Mr Wonderful todos deberíamos movernos por las motivaciones internas, guiados por el camino propio de la mejora y el desarrollo personal, pero la realidad es que para los que somos personas humanas de a pie, la motivación externa mueve gran parte de nuestro día a día.
Puede que la motivación extrínseca sea el hermano feo de la familia, pero tiene un poder intenso en ciertos momentos, a ver si os suenan alguno de estos ejemplos 😉
1-. La influencia del grupo de amigos y la presión social en la adolescencia.
2-. El «¿A qué no hay…?» seguido de un «¡Sujétame el cubata!».
Arantza. Family Supply Chain.
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