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Family Supply Chain

Lo que una excel no puede contarte

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familysupplychain

UNA MALETA LLENA DE SUEÑOS

Cada noche que voy a arropar a Ela, además de mil besos y abrazos, ella me pregunta con qué soñar.

Me resulta gracioso porque imaginar cosas «nuevas» me cuesta muchísimo, ella tiene buena memoria y esto es… casi cada noche, jajajajaja. Ela no sabe el esfuerzo que me cuesta poder pensar en qué soñar así que es libre de pedir y solo yo sé la felicidad y el amor tan grande que me genera esa pequeña rutina.

A veces le gusta mi sugerencia, a veces con matices, a veces ni siquiera a la tercera.

El caso es que Ela se va de excursión dos días con el cole (¡por fin normalidad también en lo lúdico!) y es importante para ella entre otras cosas porque lo de dormir fuera… pues pachín pachán. Finalmente las ganas han podido al miedo (¡bien por Ela!) aunque pensar en el momento de dormir le angustiaba.

– Mamá, no estaréis para arroparme.

– Puedes abrazar a Perrín y a Tito y que ellos te den los besos por nosotros.

– Pero con los nervios ¡no sabré con qué soñar!

– Sí que lo sabrás cielo, no obstante, vamos a meter unos cuantos sueños en la maleta.

Aunque la inercia de nuestra rutina dice que una noche = un sueño, ya te he contado que a veces le gusta mi sugerencia, a veces con matices y a veces ni… así que triple ración y un «post Data» clásico final (ese nunca está de más):

Idea para Soñar, 1 de 3.
Idea para Soñar, 2 de 3.
Idea para Soñar, 3 de 3

Sinceramente creo que Ela seguirá pasando nervios durante esta noche fuera de casa. Los miedos nunca se desvanecen de la noche a la mañana ni por arte de magia (ni aun en sueños), sin embargo ella lo ha conseguido, ya se ha pasado la pantalla y ha subido al siguiente nivel: «Hazlo, y si tienes miedo, hazlo con miedo».

Sinceramente también, pienso que esa sensación de tener miedo a ciertas acciones, esos anclajes que nos unen a ciertas conductas y ese «noséqué que quéséyo» no nos abandona nunca, solo cambia de forma y es parte de nuestra evolución. Claro que cuantos más años cumplimos, tenemos más escusas rebuscadas y más sinónimos y justificaciones para quedarnos tranquilos y no hacer mucho más.

Aunque de vez en cuando hay que lanzarse, y a veces solo hay que encontrar la tecla adecuada, esa pequeña ayuda que nos de la mínima confianza necesaria para pasar de pantalla. La recompensa es ingente.

Estoy convencida que cada uno de nosotros tiene un pequeño Dumbo esperando su pluma particular a la que agarrarse para poder levar anclas y caminar y volar y soñar y estoy convencida que la gran mayoría de veces tenemos cerca a una persona de confianza guardándola para nosotros. Alguien de nuestra familia, de nuestros amigos y (muchas más veces de las que creemos) una persona del trabajo que nos inspira.

Por cierto, como mandan los cánones dejo para el final el «Post Data» (lo que de verdad importa):

Post Data 1 de 1.

Arantza (mamá de Ela y selectora de sueños a petición)

PEQUEÑAS FRIQUICOSAS QUE ME HACEN FELIZ

En serio, cada una de estas cosas hace que piense: «¡qué guay!» y (literalmente) se me escapa una gran sonrisa y mi día es (significativamente) mejor.

– 🥄 Sacar a la primera del cajón una de mis dos cucharillas preferidas para tomar el primer café del día.
– 🍶 Terminar un brick de leche justo con la cantidad de leche necesaria para ese momento, ni que sobre una miaja ni que sea necesario abrir uno nuevo.
– 🎶 Conducir y que pongan en la radio una de mis canciones favoritas, de esas que ya no están de moda.
– 🚦 Empalmar en verde los semáforos de debajo de casa, incluido el del cambio de sentido.
– ©️ Entrar en una de las salas de envasado y ver godets (las piezas que transportan las botellas en la máquina) de colores alegres.
– 🤦🏻‍♀️ Acordarme justo en el momento en el que voy encender el coche de que me he olvidado el ordenador en casa, y poder volver a recogerlo empleando solo unos minutos (y no cuenta como «me he vuelto a olvidar blablablá…»)
– 🏆Encestar la bola de papel en la papelera.
– ☕ Llegar al departamento Técnico y que tengan todo lo necesario para que pueda robarles un café de los que a mí me gustan (incluida mi taza que no sabía dónde estaba, y una galleta).
– ℹ️ Encontrar alguna de mis cosas que están en ese limbo espacio-tiempo en el que sé que no están perdidas, pero no sé dónde están.
– 📖 Acertar la página del libro a la primera cuando se me cae el marcapáginas.
– 🖋️ Escribir con rotulador verde en la TOP 20.
– 👌 Ir a llamar al ascensor y que ya esté en mi planta.
– 🎯 Que la producción del día sea un número capicúa.
– 🚪 Que alguien abra la puerta por el otro lado justo cuando yo iba a abrirla, dando la sensación de que adivinaba que llegaba y me esperaba.
– 🚘 Ver un sitio para aparcar justo en la puerta de la fábrica, a pesar de que yo siempre aparco en un parque a dos manzanas de distancia, porque pienso en la alegría que se va a llevar uno de mis compañeros cuando vea el sitio y aparque en la puerta.
– 😎 Ganar a piedra papel y tijera y librarme de recoger la mesa.

La mayoría de mis amigos se parten de risa cuando cuento alguna que viene a colación, aunque espero que ellos también tengan sus #friquicosas porque la verdad, el poder sonreir desde el minuto 10 mola muuuuuucho.
(los minutos del 1 al 9 son para entender por qué estrafalario motivo he hecho caso al despertador y estoy en pie en vez de durmiendo).

Arantza.

400.000 km

Y un poco más son los kilómetros de mi coche ahora mismo.

Hace un tiempo (cuando íbamos por trescientos y muchos mil) hablábamos de la importancia de las apariencias y la presencia en el trabajo. Que en teoría podemos opinar y vestir y actuar como nos venga en gana pero que también tenemos muchos prejuicios y costumbres muy arraigadas, y en ciertos puestos, se esperan ciertos comportamientos y una cierta uniformidad.

Alguien comentó que, por ejemplo, mi coche no era “aparentemente adecuado” para mi cargo. A mí me sorprendió, entiendo hasta cierto punto el tema de la indumentaria e intento estar dentro de ese estándar , pero ¿el coche también?

Quizás sí, visto desde fuera el coche es una carreta: un Mazda 3 con 17 años y 400.000 km. Aún así, yo quiero compartir qué significa para mí.

Recuerdo el día que lo fuimos a comprar de 2ª mano y en Barcelona, vimos el anuncio un viernes por la noche y apalabramos ir a por él al día siguiente. Qué risas para conseguir sacar todo el dinero en cajeros en unas horas.

Vivendo en Valencia, con familia en Bilbao, y León, hemos recorrido (más de una y más de 10 veces) media España en un fin de semana.

Con él he hecho varios viajes a la Castilla profunda, una mujer en un coche rojo, con el pelo de azul, para lidiar con un montón de cuadrillas de temporeros en pueblos de una calle. Sé que a esos pueblos les di más vidilla que el “Hola!” y el “Sálvame” juntos.

El pobre tiene 3 rojos sutilmente diferentes, de cuando el idiota ese no miraba y nos piñó en la rotonda, o cuando una petarda con el móvil nos arreó por detrás y también cuando se me movía la columna de mi garaje y le dio por atacarnos por todo el lateral.

Con él he descubierto que cuando el panel de control dice que quedan 0 km de combustible, en realidad quedan por lo menos 15 km y un poco más si (afortunadamente) la gasolinera está al final de la cuesta abajo.

(Un poquito antes de cumplir los 400 mil)

Meter el carrito de mi hija por primera vez fue desesperante y montar la sillita… algo que diez años después aún no entiendo cómo se ha conseguido hacer. El que no haya escuchado un millón de veces el cantajuegos, pocoyó o a pepa pig no se ha ganado un pedacito de cielo.

Ha vivido conmigo cada ida y venida a muchos de mis trabajos, con el volumen de la radio a tope y oyéndome cantar a grito pelao la mayoría de las canciones (no te quiero ni contar desde que he conectado Spotify y me paso el viaje con la misma canción en modo “repeat”)

También ha vivido esas situaciones en las que no sabes muy bien cómo ni por qué pero una cosa lleva a la otra… y sois 10 dentro y que nos quiten lo bailao.

Mi coche no avisa con pi pi pi pis ni po po po pos ni mantiene sostenida la velocidad, no te asiste al aparcar ni te avisa amablemente de que entras en reserva, solo sigue teniendo esos amortiguadores que hacen tan fiable su comportamiento en curvas;  esa forma exacta de transmitir a la rueda cualquier variación del volante; sigue saliendo aire caliente cuando hace frío y aire frío cuando hace calor y sí, cuando aparco, me ayuda a estar fina de oído y a saber lo que son 20 cm… con precisión.

Realmente puede que sea verdad que mi coche no es aparentemente adecuado para mi cargo, pero pensándolo bien… estoy convencida de que dentro de “ese mundo” yo tampoco soy aparentemente adecuada para ningún cargo, y mola 🙂

Arantza.

LLORAR EN EL TRABAJO

Hace un tiempo una colaboradora se fue a casa llorando. La impotencia y frustración de una situación laboral le desbordaron los sentimientos. Luego me escribió esto: “Me da rabia ponerme “así” pero es que no puedo controlarlo, tendré que trabajarlo”. Mi contestación (y la mantengo para todo el que la necesite) fue: “No sé cómo es ponerse “así”, solo sé que las personas pasionales y que se implican y lo dan todo, SIENTEN las cosas, y esas son las personas que CUENTAN.”

La mayoría de las mujeres a las que admiro personal y/o profesionalmente han llorado en el trabajo (o por trabajo) en algún momento. Muchos hombres que admiro también.

Yo he llorado muchas veces, es una forma rapidísima de sacar tensión del cuerpo y limpiar la mente para acto seguido, poder tomar decisiones mucho más racionales. Es verdad que con el tiempo y la experiencia multitud de situaciones y multitud de comportamientos ya son “viejos conocidos” con lo que te impactan mucho menos.

Para los problemas del trabajo adquieres experiencia con diferentes vías de actuación; para los comportamientos aprendes que la forma de expresarse de los demás, pues eso, es suya y no tiene que ver contigo, sino con ellos.

Al principio de mi carrera lloré por desbordamiento, de repente estás con tres frentes abiertos y un director pidiendo resultados o explicaciones… y también por orgullo, cuesta aceptar las primeras críticas.

En otras ocasiones, muchas, ha sido por rabia al no prever algo que después me parecía “obvio” o dejar escapar oportunidades o no haberme atrevido a levantar la mano y decir: «¡Yo!».

Más adelante vinieron las veces en las que lloré por frustración, por no poder desarrollar el proyecto como se debería por politiqueos o mala gestión de dirección.

En las épocas de ERES y ERTES lloré de impotencia, es durísimo despedir a grandes profesionales e intentar transmitir que esto no tiene nada que ver con su valía profesional ni personal.

En las ocasiones en las que me ha tocado desvincular a una persona del equipo por otros motivos, he llorado al sentir que fracasaba como líder.

En la pandemia lloré de agotamiento, puro cansancio físico y mental.

Y un dato curioso: hay un llanto característico que me ha acompañado en toda mi vida profesional y en todas las empresas en las que he estado. En todas y cada una de ellas he LLORADO DE LA RISA.

¡Esos momentos no tienen precio!

Si como yo has llorado porque eres pasión en tu vida y en tu trabajo, ni un átomo de culpa al respecto, levanta esa cabeza y sonríe con orgullo, porque quién siente las lágrimas… siente una buena carcajada.

Arantza.

EL PROBLEMA DE LOS PADRES TRABAJADORES QUE SON PAPÁS

La conciliación familiar no es un problema que afecta sólo a las mujeres trabajadoras, es un problema global que nos afecta como sociedad.

Definición según la RAE de SOCIEDAD: conjunto DE PERSONAS, pueblos o naciones que conviven bajo normas comunes. Agrupación natural o pactada DE PERSONAS, organizada para cooperar en la consecución de determinados fines.

Como idea de fuerza y yendo a lo básico: una sociedad sin personas deja de tener sentido y de momento y a medio plazo, la forma más inmediata de conseguir más personas es procrear. Tener hijos y criarlos, vamos.

Hoy en concreto te quiero contar dos ejemplos sobre padres que trabajan y son papás.

Dos historias, la de Juan y la de Arturo. Ambos son pseudónimos de dos amigos. Ambas son historias reales. Insisto: VERÍDICAS, y después de leer la segunda entenderás por qué hago hincapié.

Juan Sinmiedo es papá de un niño de 1 año que es su ojito derecho y que crece que se las pela. Trabaja para la empresa NOMEIMPORTA S.L. y tiene un problemón porque no puede coger una jornada reducida para estar con su hijo por las tardes, o tener horario flexible para llevarlo a la guarde por las mañanas sin que su trabajo peligre. Legalmente está en todo su “derecho” lo que pasa es a menudo Juan tiene que escuchar: verás Juan, ¿menos horas? ¿Entrar tarde? en NOMEIMPORTA no está bien visto eso de querer escaquearse… aquí necesitamos COMPROMISO Juan, echar horas Juan, que al fin y al cabo eres el padre y tampoco es que lo hayas parido… ¿no lo puede hacer tu mujer o los abuelos?.

Posiblemente Juan pueda delegar esa tarea, el problema es que Juan QUIERE cuidar de su hijo, QUIERE verlo crecer, QUIERE educarlo y la “sociedad” aplaude y anima a ser así, pero su día a día (su realidad) es otra muy diferente.

¿Te ha parecido exagerado, verdad? Jajajaja… entonces sigue leyendo que vas a flipar.

Arturo Caballero es Director Industrial. Como tiene un perfilazo porque es un gran profesional y unas recomendaciones brutales de los CEO de sus trabajos anteriores, está en varios procesos, y el sábado le llamaron de MORDRED S.A. para decirle que era la persona idónea para el puesto. Después de 2 entrevistas de más de dos horas de duración cada una, referencias de sus responsables anteriores y cruces de e-mails en MORDRED estaban seguros de que Arturo era la persona que buscaba.

Sábado 27/Marzo/2021 a las 11 am. Llamada de teléfono del CEO de Mordred a Arturo:

  • Arturo, enhorabuena, eres la persona que estamos buscando. Quedamos en que podías empezar inmediatamente, ¿verdad? ¿Podrías empezar este mismo miércoles? (día anterior a Jueves Santo).
  • Genial, estoy muy contento. Tengo que ver la logística familiar porque los niños no tienen clase en Semana Santa y mi mujer no tiene vacaciones. Tengo que ver qué podemos hacer.
  • Ah, ¿tu mujer trabaja?
  • Sí, claro. Como te decía, vemos cómo lo hacemos con los niños y el Lunes te confirmo la entrada.

Sábado 27/Marzo a las 13:30. DOS HORAS Y MEDIA DESPUÉS: Whatsapp de voz del CEO a Arturo (y transcribo LITERALMENTE):

Sí mira, que hemos hablado antes. No te quería llamar por no molestarte en sábado. Simplemente comentarte que después de la conversación de esta mañana pues, ehh, se me vuelven a validar algunas cosas que ya habíamos visto al principio y de las cuales ya habíamos hablado que son: cuáles son tus prioridades realmente ahora, y que entiendo perfectamente la de tus hijos obviamente y la de tu familia y tu momento especial. Y entonces yo quiero ser absolutamente franco contigo. Aunque tengas el perfil perfecto para entrar en nuestra organización y eres una persona muy válida y con la integridad que buscamos, el momento preciso de nuestra empresa requiere de una persona que este full time y muy concentrada y en un momento como muy despejada de mente para ayudarnos a realizar los pasos que  tú has visto y que nos preocupan, que es un crecimiento rápido en un momento que lo requiere. Para no hacerte perder tiempo y no trastocar tu agenda y tus cosas simplemente decirte que de momento (como va a haber más ocasiones para más adelante, incorporaremos más gente con perfiles altos y a lo mejor más adaptados también al sueldo que estás buscando) prefiero no hacerte perder el tiempo y tampoco consumir mucha energía y dar un mensaje equivocado dentro de la organización y moverme con otro candidato y seguir adelante con ese proceso. No quiero hacerte perder el tiempo y como ves intento tener una comunicación súper directa y clara para que no haya confusiones. Lo siento porque realmente tienes un perfil excelente y sabes que para nosotros serías la persona ideal pero ahora no es tu momento y nosotros tenemos que seguir moviéndonos y buscar la persona que sí pueda estar al 100% para este proyecto. Muchas gracias, un abrazo, que tengas unas felices fiestas también.”

Se le podría sacar tanta punta y es tan grande el estupor… que yo me quedo sin palabras.

Para cerrar el círculo de esta historia rocambolesca, un dato curioso: Da la casualidad de que una de las características más apreciadas por toda la gente que hemos trabajado con Arturo es su compromiso con su trabajo y la empresa.

Hay más historias, muchas más. Historias de papás y de mamás. Historias de FAMILIAS.

No siempre podemos permitirnos el lujo de elegir, pero cuando sea posible, elige una empresa que entienda que el mayor activo de nuestra sociedad es poder asegurar el futuro de la sociedad (recuerda: conjunto de personas…)

Arantza. Familysupplychain.

Nota de la autora: Sir Mordred es un personaje de la mitología celta conocido por acabar con la vida del Rey Arturo en la Batalla de Camlann. Wikipedia

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¡¡ YA VALE DE UNA VEZ !! (parte I)

¿De verdad es tan difícil entender que procrear es un tema que nos afecta a TODOS? ¿¿¿Absolutamente a todos???

El mensaje que veis en la foto lo recibí por  LinkedIn (como confirmación de un mensaje previo unos meses antes) en el que la misma persona me decía que estaba convencida que la iban a echar por haber sido madre. Desgraciadamente fue una profecía cumplida.

A ver si nos enteramos todos que al final no venimos de París, que a cada uno de nosotros nos parió una mujer y nos criaron nuestros padres. A nuestros hijos alguien tendrá que criarlos y por reducción al absurdo… alguien tendrá que seguir queriendo tener hijos porque de eso va la HUMANIDAD y sin nuevos humanos de reemplazo esto no va a durar demasiado.

A ver si nos enteramos todos, incluidos los que “sonríen a la cámara” y luego te echan por utilizar todo tu permiso de maternidad/paternidad, o de forma velada te arrinconan porque… “será legal, pero aquí eso de cogerse una reducción por cuidado de hijos no se hace”.

Aún hay personas que piensan que esto es solo un problema de mujeres, ¡qué ingenuidad! ¿sabéis la cantidad de padres con jornada reducida que sienten que se les hace moving por parte de la empresa? ¿Que soportan risas veladas y mofas “de buen rollo”? ¿Sabéis la gran cantidad de padres que sienten que se están perdiendo la vida de sus hijos y querrían ejercer más activamente como padres?

Trabajar al máximo nivel y ser PRODUCTIVO, no tiene nada pero NADA que ver con calentar una silla de la oficina en un horario que alguien estableció en algún momento. Pero de verdad, no de boquilla. Sé que todo el mundo asiente con la cabeza y dice que está de acuerdo porque es lo políticamente correcto, sin embargo la realidad de muchas (muuuuuuuchas) empresas es otra. ¿Es desconfianza en las personas? ¿es miedo a lo desconocido? ¿Es que actualizarnos genera más trabajo inmediato y se nos hace bola?

Lo que tenemos ya no nos vale, y lo siento pero la INACCIÓN es una ACCIÓN y no nos deja avanzar. El coste de oportunidad de NO HACER NADA es demasiado alto.

Estoy segura que en ninguna carta de despido ni en el feedback de una NO-Promoción pone como motivo tener hijos, o querer cuidarlos. También estoy segura que esto ha pasado. Esto pasa. ESTÁ PASANDO.

Esto no va de madres ni de padres. Va de la gestión de los recursos (humanos) de la sociedad y de su continuidad como sociedad.

No hace falta que me ocurra a mí para que me indigne, lo visibilice y actúe. No hace falta que te ocurra a ti.

Arantza. Familysupplychain.com

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SABER EL POR QUÉ… ¡SÍ IMPORTA!

Estos días he vivido dos situaciones que demuestran lo necesario que es para las personas entender el por qué de las normas, aunque estas sean puro sentido común, de obligado cumplimiento o simplemente necesarias para el correcto funcionamiento.

La primera que os quiero contar me pasó ayer en una tienda. En la entrada había unos carteles muy pequeñitos con un montón de texto que evidentemente no te daba tiempo a leer de forma fácil, y nada más entrar la cajera, desde una distancia razonable, levantaba la voz para decirme: “¡Por favor! Tiene que coger una cesta.” Yo pensé que iba a comprar unos bolis y no necesitaba una cesta, pero la dependienta insistía a viva voz: “Señora, que debe coger una cesta, es obligatorio” la cogí más que nada para que dejara de gritar desde la otra punta pero no con agrado ya que para unos bolis ¿por qué adquirir el riesgo de tocar una cesta de un local?.

Mientras estaba buscando los famosos bolis, no dejó de entrar gente y se repitió exactamente la misma escena de la dependienta gritando que cogieran una cesta a cada uno de los que entraba, y en ocasiones esto se convertía en casi una conversación, desde el típico “es que solo vengo a mirar” a “no necesito cesta, ya tengo una bolsa”. Los cuartos en llegar después de mí fue una pareja y la misma historia, solo que esta vez: “Por favor, tienen que coger una cesta cada uno, una cesta cada uno, ¡es obligatorio!” la cara de la pareja era un show, hasta que por fin lo entendieron ellos… y yo: “por favor, señores, deben coger una cesta cada uno porque así CONTROLAMOS EL AFORO. Una Cesta por Persona

Acabáramos, ya todo tiene sentido y digo yo, ¿no hubiera sido inmensamente más fácil poner varios carteles BIEN GRANDES que digan algo así como: “ CONTROL DE AFORO: 1 CESTA x PERSONA” para que al menos los que intentamos leer los carteles que hay a la entrada de las tiendas podamos hacerlo directamente, y punto 2, para los que van como una moto, la chica encargada de desgañitarse la voz podría cambiar la estrategia y explicar el por qué en cuanto intente pasar alguien sin cesta en vez de solamente repetir la norma (sin éxito, visto lo visto)?.

La verdad es que pensaba comentárselo al pagar, porque me parece que estar así toda la jornada laboral debe ser agotador y muy frustrante, el problema es que debido a que esta persona atendía la caja pero utilizaba más tiempo en asegurar que todo el mundo que entrara cogiera una cesa, la cola para pagar era enorme, y total yo solo quería unos bolis que lo mismo me daba comprarlos  en esa tienda que en la de un poco más allá, así que me fui sin comprarlos.

La segunda situación es mucho más corta de explicar y mucho más visual.

Los dos carteles que veis justo debajo de este parrafo están en un cuarto de baño de una gran empresa de la provincia de Valencia. ¿cuál de los dos carteles creéis que es más efectivo? Por supuesto que yo voto por el nº 2 ¡sin dudarlo! Además de explicar el por qué, lo hacen con sentido del humor, y todos sabemos que con una sonrisa todo se lleva mucho mejor, incluso cumplir normas 😉

Por último, si no puedes explicar el por qué (o es tan obvio que vamos…) siempre es buena idea intentar asegurar que se entienden claramente las consecuencias del incumplimiento:

EL PODER DE QUERER


Ellas tienen 9 años. Una vive en Madrid y otra en Valencia y son tan amigas que se han convertido en primas “de corazón” (todo el mundo sabe que la Familia de Corazón es aquella que eliges para que forme parte de tu familia, más allá de tu familia)

Se conocen desde que nacieron y se ven con bastante frecuencia, salvo este año extraño que ha hecho que haya pasado “uuuffff” de tiempo sin verse.
En el reencuentro risas, nervios y cuchicheos y tras un rato vienen contentas y gritando alborotadas:

– Mamá, “tía”, ¡¡hemos crecido iguales!! Mira, si yo me pongo de puntillas somos iguales de altura, y si ella gira la cabeza hacia atrás, tenemos el pelo igual de largo, y si a mí me da más el sol, se me pone el pelo más amarillo como a ella y si ella se lo peina fuerte, se le queda liso como el mío… ¿no es increíble? 🙂

No es increíble chicas, es QUERER que sucedan las cosas.

En el mundo laboral pasa exactamente lo mismo. Los nuevos proyectos, los nuevos retos, no pueden basarse en el empuje de una sola persona, la empresa no puede permitirse optar solo a una idea cuándo esa idea puede ampliarse, mejorarse, hacerse mucho más cabal y con menos costes (y no sólo económicos) si el resto de profesionales aportan su visión. Cuanto más diferente y diversa es esa visión, más valor aporta. ¿Cuál es el primer paso?: QUERER.

Para acercar posturas en una negociación, hay que QUERER ver puntos en común.
Para sacar adelante un proyecto, hay que QUERER buscar soluciones.
Para aprender hay que QUERER entender que el error nos conduce a nuevos caminos.

Arantza.

LOS QUE SE QUEDAN.

 Un día estás en tu puesto de trabajo y al siguiente no. Porque te han despedido.

Hay personas que lo esperan o se sorprenden o  no dan crédito, otras se ofenden o se enfadan o enmudecen o gritan, y algunas lo buscan.

A diferencia de una salida voluntaria, que lleva aparejado una elección propia del individuo y habitualmente un periodo de desenganche, un despido es un cambio realmente brusco y drástico en la vida que hace aflorar todo un mundo de sentimientos, gran cantidad de incógnitas sobre el futuro y preocupación inmediata por el nuevo presente.

Existen multitud de blogs, artículos, vídeos y libros tratando el tema: cómo afrontarlo, qué hacer y qué no, cómo reciclarse o formarse para ser experto, qué  esperar y cómo actuar al respecto a los 20, los 30, los 40, los 50, los 60 años… tantos “remedios” como profesionales en activo, porque cada uno somos únicos y nuestra forma de sobrellevar los reveses de la vida, pues también es única.

A grandes rasgos, nuestro trabajo se divide en dos facetas: el desempeño profesional (lo bien que hacemos nuestro trabajo medido de forma objetiva) y la percepción que tiene nuestro empleador sobre nosotros. La primera faceta casi siempre está en nuestras manos, la segunda casi siempre no. Quitando situaciones de ERE o similares (con un gran número de despidos involucrados) los despedidos “unipersonales” que yo he presenciado han sido en su mayoría por temas subjetivos, por percepciones, porque nuestra vida es emocional las 24h del día.

Sí, sí, la vida de todas las personas contiene y se mueve por emociones en cada momento del día, así que un despido tiene un gran impacto emocional en la persona que se va… y en todos los que se quedan.

¿Y qué pasa con los que se quedan?

Pues así a bocajarro y de primeras, nada más suceder, un despido lo que trae aparejado es una bajada brutal de la productividad. A la persona despedida la deja en shock, y es normal, todos lo entendemos como legítimo, pero créeme, a los de alrededor les pasa lo mismo, cuando más cercano más shock, y como el mundo laboral inmediato no tenía previsto que echaran a un compañero, pues no se detiene para dar un respiro y encajar un río de emociones no habituales en un entorno de trabajo.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? Peeeerooooooo… igual que se lo pregunta el protagonista, también lo hace su entorno, intentar procesar y asimilar situaciones no previstas es inherente al ser humano y consume muchos recursos de nuestro cerebro, además de facilitar con un motivo “de peso” el deporte nacional: Radio Patio.

La incertidumbre llega también casi en seguida: cómo va a afectar su marcha, quién va a hacer su trabajo de forma inmediata, quién será su sustituto… ¿cómo encajará? ¿qué tipo de persona será? ¿qué línea de trabajo querrá llevar? En caso de que sea tu responsable quién ya no está, la sensación de un cierto desamparo también cae como una losa.

La organización puede ayudar a minimizar todo este proceso, con soluciones más rústicas – quién no ha visto u oído hablar de los famosos despidos del viernes por la tarde, para pasar el trago en casa durante el fin de semana – o cuidando detalles para minorar la incertidumbre y asegurar la continuidad de los proyectos.

En cualquier caso, los que se quedan, los que nos quedamos, también pasamos por nuestro proceso de luto, de entendimiento y asimilación. Negarlo, obviarlo, solo hace que sea más lento, que nos repercuta más.

Aunque es cierto que lo único que permanece es el cambio, eso no significa que seamos impasibles a sus consecuencias. Sentir dolor por la separación es tan loable y necesario como alegrarnos y celebrar los logros. En ambos casos confirmamos que además de nuestro cerebro, también están trabajando nuestra pasión y nuestro corazón.

Arantza.

Este artículo está dedicado a Salva Climent (LinkedIn) porque haces que el trabajo y la vida sean MEJOR, en mayúsculas;  y a Gloria Cuadros y César Camarasa, por permitir a vuestros corazones confiar y encariñarse de nuevo, a pesar de todo.

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