Se llaman Arantzadas y son inherentes en mí. Las produzco de forma natural como un efecto colateral de existir y respirar.

Una Arantzada es básicamente una acción (o falta de ella) que hace que (yo) rompa/olvide/precipite/pierda todo tipo de cosas que están físicamente cerca de mí. O deberían permanecer físicamente cerca de mí, jejeje.

Rompo tickets que no tocan, tazas, móviles… las cosas suelen caérseme de las manos, en su mayoría porque no recuerdo tenerlas conmigo o suelo tropezarme y me las llevo por delante.

Olvido cumpleaños, caras, nombres y muchas situaciones, por eso soy una crack guardando secretos.

Precipito toda clase de líquidos, sobre todo y principalmente  en mi propia persona, aunque no te puedes despistar a mi lado porque el radio de acción te alcanza en un pispás.

Y pierdo. No a las cartas. Pierdo con frecuencia casi todo lo perdible. Las llaves del coche, las de casa, la mochila, el bolso, el ordenador, la cartera, las tarjetas, las chaquetas, la comida, el coche, el norte…

La consecuencia principal son algunas horas invertidas en revertir cada Arantzada, muchas risas y un sentimiento de amor inconmensurable hacia las personas.

Porque estoy rodeada de personas anónimas BUENAS. Sé que en estos tiempos está de moda hablar de la crispación general y el mal rollito etc, pero es que con cada arantzada solo puedo constatar, una y otra vez, que somos BUENAS PERSONAS.

La última: hace menos de una semana en la feria Intralogistics de Valencia. Al final de la tarde, después de participar en una mesa redonda en el Congreso de Progressa Lean y de visitar a muchos de los expositores, justo al coger el coche me doy cuenta de que mi móvil (esa extensión del cuerpo)… conmigo no está.

Y a partir de ahí, el resumen es una concatenación de buenas personas buenas:

Gracias Elena por reconocerme al volver hacia la feria (¿qué hacía, 15 años?) y dejarme tu tlf para que llamara al mío.

Gracias a los azafatos de la entrada por dejarme entrar sin entrada (la mía estaba en el móvil dentro, jajajaja).

Gracias a la mujer que lo recogió cuando lo vio en el baño, gracias al hombre que lo acercó a seguridad y gracias a ellas por esperarme amablemente para devolvérmelo.

Como dice mi compiamiga Graziela, todos hacemos arantzadas, solo que yo las comparto porque ¿qué mejor cosa puede haber en la vida que compartir unas risas y seguir experimentando la bondad de un montón de personas anónimas buenas?

Arantza.

PD: Si alguna vez comienzo una conversación con un: «Te vas a reir…» ya sabes que lo que sigue es la consecuencia de una Arantzada, jajajaja.