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Family Supply Chain

Lo que una excel no puede contarte

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LINKEDIN: DE LO PROFESIONAL A LO PERSONAL

LinkedIn es una red profesional.

Creas tu perfil profesional, compartes artículos y comentarios que aportan valor en el entorno laboral, contactas con personas afines con puestos que complementan el tuyo, sigues páginas corporativas, ves noticias del sector, descubres ponencias interesantes y formas parte de Grupos específicos.

Todo desde tu ordenador/tablet/móvil/aparatejo digital conectado. De forma pasiva, “vouyeurista” o meditadamente activa. Con una foto de perfil aseada, capacidad para reflexionar ese comentario, saltar ese vídeo, esbozar media sonrisa cuando lees a ese viejo conocido o poner un leve gesto de desdén ante ese artículo que se repite desde el segundo párrafo.

LinkedIn  es una red limpia, seria. Aséptica.

Y luego estamos las personas que formamos esa red. Nuestra parte profesional nos integra, nuestros objetivos comunes nos encuentran y de repente las personas conectan.

Porque cuando encuentras personas para las que su profesión (¡también!) es apasionante y además tienen un aporte personal que no te lo acabas ni con todos los años bisiestos del próximo siglo juntos, de repente te das cuenta del alcance físico real (que al fin y al cabo esto de LinkedIn sólo es un medio, no un fin) y de la potencia de las relaciones personales.

Hoy me gustaría compartir solo un ejemplo y bien pequeñito, porque al final a las personas nos gustan las personas y LinkedIn está tan lleno de iniciativas para pasar de lo digital a lo presencial que dejando  que las manos tecleen al azar mientras estornudas fuerte, es posible que des con un hastag al respecto, ¡y menos mal que cada vez hay más!. Yo hoy quiero hablaros de Lola y nuestra historia profesional.

Lola contactó conmigo (evidentemente a través de LinkedIn) a finales de 2016, ella trabajaba en una empresa tecnológica para gestionar transporte, yo desarrollando la logística de distribución de mi grupo… vamos, un maridaje (Linkedaje) perfecto.

Allá que empezamos a contactar vía mensajes: pues mira qué tipo de distribución quiero hacer, pues yo te recomiendo que revises estos requisitos, ¿pues te has fijado en la forma de distribución de éste y aquél retail?, pues vamos a revisar si alguna red de transporte colaborativo sería posible con mis flujos, pues mira que me pillas ahora en casa en León, ¡pues no me digas! si justo voy por allí en un par de semanas a visitar a mi familia, pues en dos semanas estoy en casa de uno de mis clientes en UK, lástima, pues te tienes que venir a Valencia a ver la fábrica y vemos con números si tu solución es adecuada, pues vamos a cerrar agendas, pero oye, participamos en un evento en BCN sobre Supply Chain y dispongo de invitaciones, ¿por qué no te vienes y lo conoces de primera mano?

Y allí que fui con mi jefe del momento (y siempre buen amigo) Raul a la Supply Chain and Logistics Summit (http://www.sclsummit.com/) que se celebró en Barcelona en Julio 2017. El congreso fue muy interesante e intenso y entre medias me dio tiempo a donar sangre… ¡y contarlo! (https://donandovoy.wordpress.com/2017/07/28/donando-voy-en-barcelona/) pero lo mejor de todo, conocer a Lola en persona.

En cuanto vi a ese duendecillo de pelo rubio platino que hablaba con la misma pasión sobre la Cadena de Suministro, la cena de esa noche, la educación de su hijo o la dificultad para encontrar mujeres en el campo de la logística, supe que éramos almas ingenieras gemelas.

Finalmente no logramos poder trabajar en el proyecto logístico común, pero al año siguiente yo daba una ponencia en Alimarket en Madrid, así que fue el turno de devolverle la invitación y nos vimos en Mayo del 2018. Fue un día bonito e intenso en el que de nuevo se agolparon los temas uno encima de otro, experiencias profesionales mezcladas con aspiraciones personales, vivencias como ingenieras, como madres, como profesionales con responsabilidad, como mujeres.

Desde entonces la vida nos ha dado un par de vueltas a cada una, ambas hemos cambiado de trabajo, ambas hemos hecho cosas diferentes, seguimos con nuestras trayectorias que nos completan y nos seguimos mutuamente la pista muy de cerca.

La penúltima vez que nos vimos estuvimos paseando por el Pantano de Villameca. Allí estábamos las dos en medio de un paraje natural precioso, solas solísimas en medio de la naturaleza, hablando de las aplicaciones de la tecnología blockchain, de la educación de nuestros hijos, de las Women Angels, de modelos de planificación, de cómo nos repartimos las tareas del hogar con nuestras parejas, de la gestión de personas en entornos industriales, de trucos para dejar varias cenas hechas, del mundo Start Up y sus luces y sus sombras, de qué forma sacar tiempo para hacer deporte en esta vorágine de vida o de la necesidad de implicarnos en proyectos que acerquen el mundo STEM (https://www.f-iniciativas.es/el-concepto-stem-que-significa) a las mujeres del futuro.

Imagino que vernos en acción juntas a veces debe ser brumador, a la velocidad a la que hablamos las dos, con el ímpetu y de la forma en que saltamos de un tema a otro que ni Fosbury (https://es.wikipedia.org/wiki/Dick_Fosbury). Es tan intenso como emocionante.

Nosotras hablamos de todo desde el todo y es tan apasionante que más que tratar los temas ellos nos abordan a nosotras como vendedores en el gran bazar de Estambul.

Espero con ganas y en modo “cuenta atrás” volver a vernos este verano, familias incluidas.

Gracias LinkedIn, entorno pulcro y neutro, por ofrecernos la oportunidad de pasar de lo profesional a lo personal.

Arantza.

PD1: Estas somos Lola y yo en LinkedIn 🙂 LOLAARANTZA

PD2: Algunas pistas a seguir en LinkedIn: #humanosenlaoficina #ponlecara #ciadelinkedin #sinlimitesvalencia.

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Money is money.

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ES HORA DE DECIR ADIÓS

Este texto está dedicado a todos mis compañeros del Grupo Alimentario Citrus, incluidos proveedores, transportistas y clientes.

Es hora de decir adiós, de guardar los bolis en el cajón y las anécdotas en el bolsillo.

Es hora de devolver el móvil, el cariño y el ordenador.

Es hora de encontrar compañeros comprometidos que adopten a mis cactus y los críen con valores, ética y un poco de agua.

Es hora de respirar y hacer balance de la experiencia, que once años dan para muchas lechuguitas calculadas, plantadas, peleadas… reídas a carcajadas.

Es hora de llorar un mar de lágrimas en la despedida, porque las etapas hay que cerrarlas por todo lo alto, con todos sus sentimientos.

Es hora de dejar de ser la veterana para pasar a ser la nueva.

Es hora de decir adiós para volver a decir ¡Hola! pero sobre todo, es hora de DAR LAS GRACIAS.

GRACIAS por lo que no se ve.

La vida la vivimos 24h al día y cada una de esas horas está enlazada con la anterior y la siguiente. Mi vida es un todo, no sé vivir varias vidas: la profesional, la personal, la familiar… sólo sé vivir una vida, la mía, la que lo contiene todo, y durante mi paso por GAC, en mi vida han pasado cosas maravillosas que hoy quiero compartir con vosotros, porque también sois parte intrínseca de ellas.

Así que GRACIAS por mi vida, más allá del trabajo.

¿Sabías qué…?

Firmé el contrato de GAC y el de la compra de mi casa con escasos días de diferencia. Podría decir que vivo en una casa construida en parte a base de lechugas.

Al de unos meses de estar en Verdifresh decidí que ya era hora de un cambio de look, y un lunes aparecí con el pelo largo totalmente teñido de azul eléctrico (ojo que eso era el año 2008, no el 2018). La cara de mis compis y jefes al verme la primera vez no tenía precio, pero la de los paisanos de las fincas que teníamos en Olmillos (localidad de Soria con 49 habitantes)… eso sí que era un poema 🙂

Casi todas las Nocheviejas las he pasado en León con la familia, y casi todos los 31 he estado colgada al teléfono por trabajo hasta las tantas, hasta el punto en alguna ocasión, de tener a todos esperando en la mesa para empezar a cenar, y recuerdo que la abuelita me decía: “Pero bueno hija… si ahora son fechas de comer bien de pescado y cordero, deja ya la berza para los animales”, yo siempre le daba un abrazo y le respondía lo mismo: “Abuelita, bien sabes tú que las lechugas no entienden de domingo ni fiestas de guardar. Anda, ¿o no trabajabas duro  tú de joven en el pueblo con los animales y el campo?” y después siempre llegaban los recuerdos de cuando era joven.

Madre mía cómo ayuda a relativizar poder escuchar la vida de nuestros abuelos. ¿Creo que mi vida es “dura” o “complicada”? Nada cómo escuchar historias de la Guerra… y la dureza y el hambre de la Postguerra.

Dentro de Verdifresh me hice amiga de Miguel Ángel y gracias a su cambio de trabajo a MAdagascar conocí (y conocimos) Acción Baobab, una ONGD con sede en Cartagena, y la inmensa labor que hacen con los niños en la Casa de los Niños en Antananarivo (la capital de la isla). Aprovechando que ese año yo era “filósofa” en GAC pusimos en marcha una rifa para una cesta de navidad… y año a año, eurito a eurito de cada uno de los trabajadores, les hemos donado 5.000 euros, que se dice rápido, pero es una cantidad de dinero que ayuda muchísimo a organizaciones tan pequeñitas como Acción Baobab,  pero de enorme impacto local. Ojalá de corazón la iniciativa siga manteniéndose por más años en GAC J y ojalá pueda crear y participar en algo parecido en mi nueva etapa.

¿Y sabías que…? La idea de crear este blog, familysupplychain, me vino trabajando, cuando reflexionaba sobre la importancia de las personas y el impacto de la actitud y de tooooda su vida sobre el día a día en el trabajo, hasta en las partes más técnicas, y pensé que era hora de otro cambio de look, pero este mental, y pasé de escribir un minitexto publicado en LinkedIn a tener dos blogs, comenzar con las charlas, clases en escuelas de negocios… qué productivas nos volvemos las personas cuando sabemos lo que queremos conseguir.

Dejo para el final MI PRINCIPAL EXPERIENCIA, así con mayúsculas, que es haberme convertido en MAMÁ.

Ser madre es la experiencia más reveladora, flipante, agotadora, sentimental, provocadora, amorosa, desquiciante, divertida, desafiante y espiritual que he tenido (y casi sin duda tendré) en mi vida. He aprendido tanto y tan intensamente en todos los ámbitos con la maternidad, que a veces pienso que debería hasta cambiarme el nombre de lo distinta que soy.

Recuerdo la intensidad del trabajo y que el ardor no me daba ni un respiro y sólo se me pasaba bebiendo a sorbos leche fría, y los cabreos que cogía cada vez que algún compañero sacaba la lecha de la nevera y la dejaba fuera. También recuerdo no haber necesitado ni un día de baja y salir de cuentas trabajando en la empresa. Si ambos (la empresa y yo) somos flexibles con los horarios y visitas médicas, ambos podemos aprovecharnos de lo mejor de nosotros mismos.

Recuerdo con angustia la vuelta del descanso por maternidad, la ansiedad, el agotamiento y la desesperación porque la niña no comía nada mientras yo estaba en el trabajo y la sensación de culpa por no estar con ella.

Recuerdo somatizar todo ese estrés con un dermografismo tremendo por toda la piel y lo que vino unos meses después… que es uno de los grandes aprendizajes y saltos en mi vida, sobre todo la profesional: “A tres metros de altura sobre las decisiones”. Ahora miro atrás y estoy muy agradecida por haber vivido esa experiencia, pese al coste.

En GAC también he vivido la experiencia de ser mamá trabajadora a través (y junto con) muchas de mis compañeras y alguno de mis compañeros. Ha sido muy largo y complejo el proceso de entender que nosotros mismos somos los mayores ladrones de nuestro tiempo, y necesité un toque de atención para entender que la única que debía autoexigirse sobre el tiempo que dedico a unas cosas u otras en mi vida soy yo, y solo yo.

Ya estaba bien de quejarse sobre “la conciliación en España” y empezar a gestionar de forma responsable y activa mi INTEGRACIÓN de las distintas facetas de mi vida en tiempo y forma. De esta manera comencé mi etapa laboral con una reducción de jornada para el cuidado de mi hija, y la vida (toda ella, pero sobre todo la profesional) se volvió más brillante, intensa, activa y creativa.

Así que GRACIAS por estos once años y pico de experiencias, aprendizajes, dolor, risas, exigencia, amigos, madurez…

Es hora de decir adiós, es verdad, pero me guardo un as en la manga, el comodín del público y la llamada extra, porque yo me voy pero sigo aquí, y espero que tú también.

Con cariño,

Arantza.

 

 

LAS ESPIRALES DEL CAOS

Hace unos meses tuve una larga charla con una compañera del sector. Me contaba cómo había funcionado el lanzamiento de un nuevo proyecto, y aunque  había sido un éxito hacia el cliente,  la mayor parte de la conversación estaba centrada en detalles muy concretos que habían generado una tensión tal, que por momentos mi compi pensaba  que se les iba el proyecto a pique.

Lo curioso del caso, es que dentro del proyecto, ninguna de las partes por separado implicaba un nivel superior de conocimientos o tecnología que no hubieran utilizado ya. Todo era teoría conocida. Y aun así, a la hora de la verdad, en la práctica, entraron de lleno en una espiral de caos.

¿Qué es para mí una espiral de caos? Pues la espiral del caos es un momento en el que pese a estar tratando con conceptos sencillos (información, niveles de comunicación, skateholders, procedimientos…) que se creían totalmente OK y que además no son nuevos y están incorporados a la rutina de trabajo, cuando se ensamblan juntos se crea de repente un follón que crece “de la nada” y se convierte en un tifón de fuerza 5. Para más inri, normalmente esto sucede un viernes a última hora, o en Agosto, cuando la mitad de las personas del mundo están de vacaciones, o en el previo a un festivo…. Y no es casualidad.

En este caso concreto, el producto estaba fabricado con tecnología totalmente conocida y utilizada a diario; el cliente era nuevo, pero con unos canales de comunicación estándares, las personas implicadas eran especialistas en su área de conocimiento y además era un proyecto prioritario para la compañía.

Si “lo tenían todo”… ¿qué es lo que no salió bien para incluso  llegar a plantearse que no salvaban la primera entrega? En este punto, y después de unas horas hablando y profundizando sobre el tema, su  conclusión fue que dieron por supuesto muchos pequeños detalles.

Nada más. Y nada menos.

A posteriori vio que trabajaron con exceso de confianza y subestimaron la importancia de tener realmente maduros los procesos en su conjunto. Sobre el papel, se conocían todos los pasos, ¿qué podía pasar? Pues… todo.

Dieron por sentado que todos entendían lo mismo cuando describían las partes del proyecto, que todo el mundo conocía y dominaba su parcela de gestión… y que sabía cuál era exactamente su parcela de gestión. No previeron tiempos “extra” para posibles imprevistos ni se dieron el tiempo a ellos mismos, no tuvieron en cuenta que lo más delicado de un proyecto es el ensamblaje de las diferentes partes, pensaron que todos tenían claros los límites de cada área (total, esto es “más de lo mismo”). Trabajaron a la vez y en el mismo proyecto, pero no consiguieron trabajar en equipo. Dieron por supuesto que había un líder y  una línea de trabajo estable… y el día que todo debía fluir, lo que llegó fue un tsunami y entraron en una espiral de caos.

Afortunadamente, uno de los fuertes absolutos de ese equipo es solucionar problemas, así que esta historia tiene final feliz, con una primera entrega impecable cara al cliente, pero todo el que ha vivido ese momento tsunami, sabe el esfuerzo titánico que hace falta para reconducir la situación.

Una vez dentro de una espiral del caos, sólo hay un camino posible, “echarle músculo” inmediato a la situación para contenerla  (más horas, más recursos) y con suerte, aprender mucho de ella.

Arantza Bárcena. The family supply chain.

¿FUERON LOS CELOS?

No sé de qué estaba hablando el otro día cuando de repente: ¡flaaaaaash!, me acordé de una canción que me encantaba hace un montón de tiempo.

     La Unión publicó Fueron los celos dentro del álbum Tentación, de 1990, y a pesar de que La Unión entonces pegaba fuerte y no era su primer álbum, para mí fue esta canción la que cuajó y se quedó conmigo desde mis 14 años, y cómo dice la canción: “con las cosas que más quiero, soy tenaz”, pude escuchar la canción no sé… centenares de veces, una tras otra. Me gusta mucho esa sensación de reencontrarme de nuevo con una canción que me ha acompañado intensamente durante una parte de mi vida y en cuanto tuve ocasión la añadí a mi playlist.

He de decir que hacía por lo menos 10 o 15 años que no la escuchaba, y tenía bastante curiosidad sobre cómo sería volver a escucharla tanto tiempo después, si sería la misma sensación que al volver a ver Los Goonies, E.T. o El Chip Prodigioso. Así que al día siguiente, allí que va la canción camino del trabajo, con el volumen a tope en el coche, para poder cantar sin miramientos ni explicaciones… y en efecto, hubiera jurado que ya no me sabía la letra pero fue escucharla y oírme cantarla a la vez que Rafa, ¡qué buena sensación! ¡Qué recuerdos! Qué… pero, espera un momento, ¿qué acabo de cantar exactamente? ¿Qué acabo de decir?

“…Perdona si mis palabras te han hecho llorar, si de algo soy culpable es de amar… sólo pretendía guardar algo de mi posesión… Fueron los celos, y no yo.”

Jooooooder… qué shock. Por primera vez escuchaba la letra de la canción desde mis 40 años de mujer, y estaba estupefacta al comprobar la sutil violencia de género totalmente asumida en la letra.

Desde entonces, pienso mucho en la letra de esta canción y de otras tantas que me criaron en mi adolescencia (Rock & Roll Star, de Loquillo, que justo escuché poco después, por ejemplo) donde “cosificar” y restringir al servicio del hombre el papel de la mujer en la relación, ni siquiera se veía raro, y encima nosotras… ¡las primeras en normalizarlo!

Aunque volviendo a mi canción, el dilema ahora era el siguiente: qué hacer con una canción que me encanta pero que va contra mi creencia sobre la igualdad de las personas:

Lo primero que pensé es en eliminarla de mi playlist, como acto de “justicia”. Lo que pensé inmediatamente después es en la hipocresía de la decisión: mi vida (y la de cualquiera que escuche una emisora en la radio) está llena de canciones que incluyen la violencia de género como si nada (sólo hay que escuchar la letra de casi todos los números 1 de los 40…).

La canción favorita de mi hija de 5 años (y tristemente es así desde que tenía 2 años), es El Taxi, y este verano se ha pasado muchas mañana bailando “Súbeme la radio” (dos ejemplos estupendos de acoso y cosificación de la mujer). Es imposible e irreal pretender que nuestras hijas e hijos crezcan al margen de los “hits” del momento, además, la idea de eliminar lo que a mí no me gusta, cómo cualquier radical de a pie, me produce rechazo instantáneo, así que la única opción viable (como casi siempre) que me queda, es la EDUCACION y el ejemplo.

Educar para que disfruten bailando esa canción tan pegadiza, pero a la vez entiendan que las letras de las canciones no son verdades, son como los dibus de la tele, divertidos… pero sólo dibus. Educar para respetar las opiniones de los demás, y la nuestra propia. Educar para poder tener una opinión al respecto de las cosas, y escuchar de verdad lo que dice el resto, sin dejarse llevar en exceso por los demás.

Y mientras esto va llegando, cuando mi hija me pregunta: “mamá, ¿Por qué te tienen que traer alcohol cuando subes la radio?”, sólo se me ocurre echarle un poco de morro y sentido común de madre con moraleja añadida: “pues hija, porque es verano y le pican los mosquitos y como se rasca, le tienen que poner alcohol para que se le curen…. Tú no te rasques, que tendremos que ponerte alcohol también”. 😉

Así que sí, después de pensarlo, Fueron los celos sigue en mi playlist de cabecera, y yo sigo cantándola a grito pelado cada vez que tengo ocasión, y en casa ocasión me recuerdo a mí misma: Recuerda que eres afortunada al tener clarísimo que nadie debe poseer a nadie, se poseen las cosas.

Arantza Bárcena.

PD: También recuerdo ahora el libro Un milagro en Equilibrio, de Lucía Etxebarria , me lo leí hace un montón de tiempo y aunque habla de muchos temas diferentes, se me quedó marcado la descripción de la peli de Prince, Purple Rain, donde el tío le calza un bofetón a su novia… y claro, para ella es toda una muestra de “amor”, y cómo la prota del libro  también abre los ojos y la conciencia hacia esta clase de violencia arraigada. Ja ja qué gracia, en aquel momento pensé que eso eran cosas del pasado…

FUERON LOS CELOS (La Unión)

Sé bien que por un momento

Perdí el control

No era yo el que maldecía

No era yo

Perdona si mis palabras

Te han hecho llorar

Si de algo soy culpable

es de amar

Hoy mi mente se nubló

No hablaba el corazón

Fueron los celos

y no yo

Si de algo soy culpable

es de amor

Se que me perdió el orgullo

Siempre hago igual

con las cosas que más quiero

soy tenaz

Solo pretendía guardar

Algo de mi posesión

fueron los celos.

 

 

CREER, CONFIAR, DELEGAR

Todo el mundo habla de delegar en el trabajo, pero delegar es algo bastante difícil y no es banal.

Por un lado, es imposible ser mando intermedio (y mucho menos directivo) si no somos capaces de delegar, es algo intrínseco a un puesto de una cierta entidad (aunque no se tengan colaboradores directos) y un hecho consumado porque, por muchísima capacidad de trabajo que tengamos, al final cada uno de nosotros está restringido (máximo) a: 24h al día, dos oídos para escuchar, dos ojos para ver, dos manos para actuar, dos piernas para desplazarse, una boca para hablar, un cerebro para pensar y coordinar todo lo demás, y una única percepción del mundo. ¿Por qué describo algo tal trivial? Pues porque realmente cuando gestionas un puesto intermedio o directivo… ¡son muy pocos recursos si quieres hacerlo todo!

Mi sensación es que, al menos los que hemos estudiado carreras STEM en España, aprendemos durante años a trabajar con números, datos, problemas complejos, árboles de decisión, procesos etc, pero salimos con muy pocos conocimientos de gestión de personas. El que vaya a contestar a esto diciendo que este tema se “aprende” con las decenas de trabajos que hay que exponer en grupo, por favor, que no pierda el tiempo, eso nos hace practicar para aprender a trabajar en grupo, y ya os confirmo que del “grupo” al “equipo” hay una galaxia de distancia. Es verdad que cuando haces un posgrado, trabajar casos prácticos en grupo  y hacer role-playing te ayudan (esta vez sí), a entender y practicar el trabajo en equipo. Pero delegar es otra cosa.

Debo confesar que delegar me parece una de los procesos más difíciles de realizar y que se requiere práctica, autoconocimiento y autocontrol, porque si tienes un perfil técnico en el fondo (siendo honesto contigo mismo) crees que la mejor persona para hacer exactamente eso que has pensado o diseñado… eres tú y sólo tú mismo.

Aquí es donde entra el primer aspecto fundamental: LA CONFIANZA

Mi experiencia, nada reglada pero 100% empírica, me hace llegar a la conclusión de que para poder delegar plenamente, lo que hacemos en realidad es un ejercicio de confianza. Confiar en que esa persona encontrará el camino adecuado, confiar en que tiene los conocimientos necesarios, confiar en su buen hacer , en que encontrará la forma de resolver los problemas que vayan apareciendo y que hablará contigo sobre lo que no ve claro o los posibles puntos débiles.

Pero, ¿cómo confiar en personas que “llegan a ti”? Habitualmente son personas que  no hemos elegido, muchas veces ni siquiera las conocemos en profundidad, puede que ni siquiera coincidamos en los métodos de trabajo o que personalmente no tengamos nada en común más que el trabajo. No son tu novio, ni tu mejor amigo. Sin embargo, vamos a confiar a ellos nuestro éxito laboral.

¿Cómo? Siendo CREYENTE.

Es necesario creer. Creer en nuestra empresa, en sus valores para contratar a las personas adecuadas, CREER EN EL PROYECTO, creer en el criterio de la persona que – a su vez – ha delegado en nosotros, que ha confiado en nosotros. Es hacer un acto de fe hacia el sistema que hemos elegido para desarrollarnos profesionalmente. O nos creemos nuestro trabajo (nuestro proyecto) y confiamos en el resto, o como dicen en mi pueblo, a ver cómo “vendemos la burra” al que lo tiene que hacer por nosotros. Al fin y al cabo eso es delegar.

Por último un consejo, hacérnoslo mirar: Cuando fracasa un trabajo que hemos delegado dejemos las excusas porque  el máximo responsable del fracaso somos nosotros. Dejemos de pensar en “culpables” y hagamos revisión interna:

¿Hemos comunicado de una forma eficaz el mensaje? ¡El mensaje sólo es válido si el RECEPTOR lo entiende! ¿Hemos supervisados los hitos en tiempo y forma? ¿Hemos atendido las dudas que surgen? Pero no las que nosotros creemos, sino las que los demás exponen.  ¿Les hemos dado tiempo y espacio para explicar los “contras” y las posibles soluciones?. ¿Hemos ayudado a resolver los problemas que no saben/pueden resolver las personas en las que hemos delegado?

Delegar, como también dirían en mi pueblo, no es endiñar el marrón a otro.

Arantza Bárcena. The family supply chain.

 

 

TODO LO QUE ESPERO DE TI.

Ela romero
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Para celebrar el nacimiento de una hija, muchas veces se le regala unos pendientes especiales, o una cadena de oro, o una sesión de fotos, o se abre una cuenta de ahorro… cuando nació Ela, yo le creé una cuenta de e-mail a su nombre.

Desde entonces, le envío e-mails a la Ela del futuro, contándole “de mujer a mujer” cómo es ella ahora, cómo somos nosotros, pequeñas anécdotas y qué dudas nos surgen.

Uno de los e-mails más importantes que le he enviado es el que comparto en este post. Porque he de reconocer que yo soy una persona exigente, y cuánto más quiero a alguien, mucho más exigente soy con ella. Y sí, como todas las mamás, tengo grandes esperanzas puestas en el futuro de mi hija.

ELA, ESTO ES TODO LO QUE ESPERO DE TI:

1-. SÉ una persona FELIZ. No importan las circunstancias de la vida, del momento… ser FELIZ depende de ti. La vida es algo precioso que sólo pasa una vez. Para todo lo que “pase” por tu vida, tú eres el  tamiz y tú eres dueña de tus sentimientos, sólo tú puedes apreciar la felicidad y sacar algo positivo de cada circunstancia. Ser consciente de esto, hará que tu vida merezca mucho más la pena. Objetivamente, te pasarán las mismas cosas, pero tú tienes el don de pensar en positivo sobre ellas.

2-. Sé una persona ÍNTEGRA. Preocúpate de tener tu código deontológico, ojo, que no tiene nada que ver con lo que es legal o no, sino con valores como el bien y el mal, la justicia y la injusticia, tus propios conceptos, y sé consecuente con ellos. Preocúpate además, de aprender cada día, y de revisar honestamente tu código, y revisar honestamente si lo sigues o no.

3-. Dedícate profesionalmente a LO QUE TE APASIONA. Invierte tiempo en averiguar qué es lo que más te gusta, tu pasión (pero de forma sincera) y trabaja duro, muy duro, para dedicarte a ello y estar orgullosa de tu profesión. No importa si está mejor o peor “visto”, si tiene más o menos “futuro”, si qué dirán… es tu vida, la tuya, y sólo tienes una… ¡aprovéchala en lo que realmente quieres!

4-. CURIOSA. La vida está llena de maravillosos descubrimientos, abre tu mente y tus prejuicios a las diferentes personas, los diferentes lugares y culturas… a lo largo de la vida, descubrirás que tu mayor riqueza son las EXPERIENCIAS. Viaja, todo lo que puedas y permítete conocer a las personas que te encuentres en tu camino. Las experiencias te acompañarán durante toda tu vida y te harán mejor persona. Sé que esta sociedad nos redirige con fuerza a dinero = felicidad, pero nada más alejado de la realidad, el dinero es muy necesario, pero sólo una cierta cantidad y sólo te da cosas.

5-. Quiere a tu FAMILIA. Afortunadamente tienes una familia grande, repartida geográficamente pero unida. Somos los que siempre estaremos contigo, pase lo que pase, por muy difíciles que puedan ser las situaciones, siempre seremos familia. En concreto, el papi y yo no somos tus mejores amigos, somos TUS PADRES, así que posiblemente tengamos momentos de incomprensión mutua, pero siempre querremos solucionar nuestros problemas y siempre, siempre, siempre, TE QUERREMOS.

6-. Haz lo necesario para SENTIRTE ORGULLOSA DE TI MISMA. Eres especial, eres una gran persona, y estás destinada a hacer todas las cosas increíbles que te propongas; todo se consigue con tesón, ilusión, perseverancia y mucho trabajo duro. DA IGUAL LO QUE PIENSEN LOS DEMÁS. “Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo”. No dejes que nadie limite tu vuelo sólo porque es imposible para ellos.

7-. Sé CONSECUENTE con tus actos, y asume las CONSECUENCIAS. Durante tu vida tendrás que tomar decisiones fáciles y otras muy difíciles… ten en cuenta las consecuencias de tus acciones, y no te amedrantes por ellas, pero asúmelas y sigue adelante.

8-. No tengas miedo al ÉXITO ni al FRACASO. Fracasar sólo significa que la opción elegida de entre las miles de opciones no era la adecuada en este momento, por lo que te da la oportunidad de volver a elegir una nueva opción… añadiendo la experiencia adquirida. Fracasar es INTENTAR, sustituye una palabra por otra y verás cómo pierde todas las connotaciones negativas. En cuanto al éxito, ten en cuenta siempre que es pasajero, que viene y va.

9-. Sé CRÍTICA ante las opiniones de los demás y sobre todo ante la tuya propia, y RELATIVIZA porque al final… casi nada es tan sumamente grave, de veras.

10-. Y finalmente, RÍETE. Ríe a carcajadas, hasta que te falte el aire, siempre que puedas, hasta que te duela el costado, te lloren los ojos y tengas agujetas en la mandíbula. Ríete de las cosas graciosas, pero sobre todo, ríete de las que son serias. Cuanto peor pinte la cosa… ríete con más fuerza. Cuando creas que la cosa no tiene solución… ríete franca y llanamente de la situación, y después busca un camino alternativo. Siempre lo hay.

Como ves… hubiera sido mucho más fácil querer que fueras “médico o abogada”, pero ya te lo he dicho, mis aspiraciones son elevadas. Te quiero infinito más ocho.

Arantza Bárcena. The family supply chain.

La importancia de tener raíces. Saltar con red en la empresa.

    “There are only two lasting bequests we can hope to give our children. One of these is roots; the other, wings”.   Hodding Carter

El otro día salí con unos amigos de toda la vida. A unos hacía semanas que no veía, a otros meses y a algunos incluso años, pero no importó. No importó nada.

Nosotros pasamos la adolescencia en los 80’ y 90’, sin móviles ni internet, pero con muchas horas juntos de calle y de parque a nuestras espaldas. Muchas horas, una tras otra. Y eso une de una forma especial. Crea una especie de red que se mantiene en el tiempo, aunque nuestras vidas hayan tomado caminos más que diferentes, aunque nuestras ideas e ideales no se parezcan en nada.

Me doy cuenta que esa misma red es muy parecida a la que me une con mi familia. Yo tengo una familia lejana geográficamente hablando (León, Valencia, Bilbao, Mallorca…) pero sumamente cercana en el trato. Es como si atravesáramos un agujero de gusano, haciendo que el tiempo y la distancia se reduzcan a la mínima expresión cada vez que nos vemos.

Ahora entiendo que soy sumamente independiente porque sé que ellos siempre están ahí, porque cuando “salto”, siempre lo hago con red, con la confianza que me da saber que a mi vuelta mi familia y mis amigos están aquí, para mí. Ellos son mis raíces y se entrelazan para formar mi red. Cuanto más tupida es esa red, más lejos puedo saltar yo.

Dentro de ese círculo de confianza, cuando uno dice: “vamos”, la pregunta inmediata de los demás no es “¿a dónde?” o “¿por qué?”, sino “¿CUÁNDO?”. Confiamos en que sus intenciones son buenas, y entendemos que a veces las personas nos  equivocamos y cometemos errores. Y seguimos adelante.

A nivel profesional pienso que debería pasarnos algo parecido. En una empresa es cierto que hay una red jerárquica imprescindible y unos objetivos departamentales/de área propios, vamos, hay un trabajo que hacer, pero la empresa no vive sólo de eso.

Hay empresas en las que se generan multitud de proyectos que se ejecutan y salen adelante, y está  bien, todo es correcto. Pero hay empresas que realmente van un paso más allá. Son pequeños detalles que marcan las grandes diferencias. La mayoría de las ideas disruptivas que cambiarían el rumbo de una empresa, se ahogan antes incluso de darles una primera oportunidad.

¿Cómo aumentar la tasa de éxito de estas ideas?

Lo primero es tener raíces. Tener unos valores de empresa nítidos, conocidos y compartidos. Tener una visión inspiradora y una misión clara. Pero sobre todo, avalar los valores, la misión y la visión con hechos. Porque somos lo que hacemos. Las raíces siempre están, son sólidas, y lo mismo tiene que pasar con nuestros valores, visión y misión en la empresa.

Lo segundo es crear una red a base de confianza. Confianza en las personas como profesionales, confianza en los riesgos controlados, confianza en tener ciertos canales de comunicación alternativos donde directivos, mandos intermedios y técnicos pueden salir de su zona de confort abalados por la empresa. Confianza en que una idea que se estudia y finalmente no tiene la viabilidad necesaria, nunca es un fracaso.

 Todas las empresas tienen en su seno personas totalmente capaces y dispuestas a pensar ideas brillantes, pero pocas tienen las raíces adecuadas para generar la red de confianza necesaria para llevarlas a cabo y dejarlas volar alto.

Arantza Bárcena. The family supply chain.

Tranquilidad… ese mail tocapelotas en realidad no es para ti.

Cuando nos enfadamos en el entorno profesional, nuestro proceso de toma de decisiones pasa de utilizar la razón, que genera acciones objetivas basadas en la lógica, a utilizar los sentimientos, con reacciones subjetivas basadas en la emotividad.

Hace unos días, estando con unos amigos, uno de ellos nos comentaba lo molesto que estaba por un mail de trabajo que había recibido. Nos lo contaba indignado, de forma muy personal y, empezó una conversación porque todos teníamos anécdotas parecidas. Y es que todos hemos visto alguna vez a alguien que recibe un mail de un compañero y escucha comentarios del tipo: ¿pero quién se cree qué es éste?, ¿de qué va?, o pues va listo si cree que yo voy a hacer eso…

¿Quién no ha recibido alguna vez un e-mail de trabajo de esos que sientan como una bomba? ¿Y por qué nos afecta tanto? ¿Cómo hacer que nos afecte menos?

Actualmente vivimos en un entorno laboral en el que la comunicación diaria gira en torno al e-mail, que nos ayuda a estar conectados, a informar, coordinar, dirigir… a una o varias personas, las cuales además tienen la oportunidad de verlo en el momento o de forma diferida.

En principio, es gran herramienta que nos ayuda a gestionar grandes volúmenes de información desde cualquier lugar, en teoría de forma clara y objetiva, pues está escrito y no requiere “tirar de memoria” como en una conversación, y aun así, hay momentos en los que un mail “tocapelotas” nos puede hacer enfadar y sacar de nuestras casillas.

Esto no sería más que una anécdota, si realmente no tuviera implicaciones, pero cuando un e-mail profesional nos toca la fibra personal, sí tiene consecuencias ya que nos indigna como personas y nos provoca enfado, con los efectos fisiológicos que ello conlleva:

  • generamos adrenalina (dolores musculares, cansancio, problemas para dormir)
  • se inflama la mucosa gástrica (reflujo, acidez, úlceras de estómago)
  • acentúa y crea problemas dermatológicos (pruritos, sarpullidos, eccemas)

Pero además de estos efectos que todos conocemos y que no suelan desencadenarse al momento, hay efectos más sutiles que afectan a nuestro día a día más inmediato.

Cuando nos enfadamos en el entorno profesional, nuestro proceso de toma de decisiones pasa de utilizar LA RAZÓN, que genera ACCIONES OBJETIVAS BASADAS EN LA LÓGICA, a utilizar LOS SENTIMIENTOS, con REACCIONES SUBJETIVAS BASADAS EN LA EMOTIVIDAD. Creamos una especie de efecto túnel, donde nos centramos en los aspectos emocionales que nos importan y por tanto perdemos perspectiva y globalidad.

Lo preocupante es que este cambio NO es selectivo, no sólo afecta a la respuesta del e-mail en concreto, sino a todas nuestras decisiones (laborales o no) que tomemos.

¿CÓMO TOMAR DISTANCIA Y RETOMAR LA PERSPECTIVA ANTE ESTA SITUACIÓN?

Lo primero es entender la comunicación por e-mail. Lo utilizamos tan a menudo que la mayoría de veces sustituye a una charla en persona… pero ¡ojo! No es ni por asomo igual.

Un e-mail es como una conversación en persona matizada con un filtro de Síndrome de Asperger.

No sabemos en qué circunstancias anímicas ni en qué entorno se encontraba el emisor de la información, que a su vez no tiene ni idea de dónde, cómo y cuándo va a leerlo el receptor. Además, perdemos todo nuestro rico e inigualable lenguaje no verbal: el tono, la inflexión de la voz, las pausas, la mirada, los gestos… y la capacidad de poder preguntar para aclarar conceptos. El emisor tiene que presuponer un montón de cosas, y puede no acertar.

Un e-mail es un documento escrito y unilateral,  NO ES UNA CONVERSACION.

Tengamos presente y claro esta máxima. Si lo hacemos, nuestra forma de recibir la información cambiará y será consecuente con el tipo real de comunicación. No conversamos, leemos. Sólo con esto, la mitad de los e-mails susceptibles de tocarnos la fibra dejan de tener ese efecto.

¿Y si aun así nos hierve la sangre?

frustracion

En ese caso… lo mejor es buscar “trucos” para racionalizar la situación y pasar de la subjetividad a la objetividad en el mínimo tiempo posible. Aquí van algunos:

Tu YO profesional:

Recuerda que el emisor de ese e-mail le habla a tu “YO” profesional, de forma más o menos acertada, pero sólo a tu yo profesional. Nuestro trabajo es importante para todos, pero todos somos mucho más que trabajo, tenemos muchas más facetas, virtudes, curiosidades… Nuestro yo profesional es sólo una “pequeña” parcela en nuestro yo total. ¿Cómo vamos a dejar que alguien cuyo radio de acción se restringe al entorno profesional nos afecte a todo nuestro yo? Somos mucho, mucho más. Piensa bien a quién le otorgas el honor y la distinción de poder influir en ti. ¿Seguro que quieres que sea quién ha escrito ese e-mail?

Domina lo que sí controlas:

Sí, en efecto, has recibido un e-mail soberbio, maleducado u ofensivo… en resumen: muy poco profesional. Si respondes en ese mismo tono… ¿qué dice eso de tu propia profesionalidad?

Ojo por ojo…

Has intentado racionalizar y aun así tienes un cabreo que no veas. En este caso, vuélcalo. Abre un nuevo e-mail sin destinatario y contesta como se merece, no te prives, cántale las cuarenta, que pruebe de su medicina, qué se entere de quién eres, pon los puntos sobre las íes, no te dejes ni una coma, escríbelo todo y cuando creas que has terminado, léelo con atención… Y BÓRRALO. Personalmente me parece la opción menos adecuada, pero permite verbalizar el enfado sin consecuencias de las que luego nos podamos arrepentir.

Y después de estos consejos amigables… siempre, siempre, siempre, contesta ese e-mail desde la sensatez y con datos objetivos.

Arantza Bárcena. The family supply chain.

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